El Día de la Liberación Comercial de Trump.
El 2 de abril de 2025, Donald Trump anunció un paquete de aranceles efectivo para más de 180 países, con impuestos que van desde el 10 % a todos los productos que ingresen a EE. UU., hasta tarifas más elevadas a potencias específicas más grandes, lo que ha generado desconcierto y desaprobación global. Se prevé que la economía internacional sufra transformaciones y reajustes de todo tipo; incluso, podría desatarse un decrecimiento y una recesión en Estados Unidos y en el resto del mundo.
Este aviso de la lista de aranceles globales, mediatizado y criticado, que Trump definió como el “Día de la Liberación Comercial”, no ha dejado prácticamente ninguna nación exenta. Es más, aliados comerciales históricos como Europa y economías asiáticas han recibido aranceles elevados, pudiendo así desatar una guerra comercial que impactaría en el comercio global y que, de igual manera, transformaría las dinámicas geopolíticas internacionales, reconfigurando incluso el orden mundial.
Impuestos calculados tras una ecuación extraña y cuestionada, en la que Washington toma el valor del déficit comercial de bienes de EE. UU. con un país en específico, para luego dividirlo por el total de importaciones de bienes de ese país hacia Estados Unidos; el resultado obtenido se divide en dos, para así llegar al monto final de los aranceles que entran en vigor. Esta fórmula dista de cualquiera usada antes y ha sido señalada como descabellada, injusta y hasta irreal. Ahora, este modelo solo contempla el dinero de bienes, y no de servicios, en los que el comercio estadounidense cuenta con un superávit global.
Así, la lista de impuestos ha generado cifras exorbitantes para la economía de libre mercado vigente. China ha recibido un 34 %; Europa, el 20 %; Japón, el 24 %; países asiáticos emergentes como Vietnam o Camboya, más del 40 %. Por su parte, los países de Latinoamérica, en promedio, estarán sujetos al 10 %, excepto por Nicaragua y Venezuela, con aranceles del 18 % y 15 %, respectivamente. Igualmente, todos los automóviles que ingresen a territorio estadounidense —sin importar su origen— lo harán bajo un gravamen del 25 %. Asimismo, habrá excepciones a algunos productos, como minerales (oro y plata), al igual que a Canadá y México, que no aparecen mencionados, ya que el acuerdo del T-MEC los ubica en una categoría preferencial. Además, y sorpresivamente, Rusia no resultó mencionada en ningún momento, tampoco Bielorrusia, Cuba o Corea del Norte.
Este momento coyuntural representa un cambio radical en la política comercial de Estados Unidos, el más fuerte de los últimos 100 años. Entrando en parte en vigor el 5 de abril, para implementación total después del 9 del mismo mes, estará sujeta a cambios y modificaciones de acuerdo con disposiciones de Washington.
Tras el anuncio, el gobierno Trump instó a que ningún país tome represalias o sufrirá un aumento en los aranceles. No obstante, no tardaron en llegar todo tipo de reacciones, sobre todo de los más afectados. China reaccionó con la notificación de tarifas aduaneras del 34 % adicionales para productos provenientes de Estados Unidos a partir del 10 de abril, además de la instauración de medidas ante la OMC. Europa afirmó su rechazo a estas e instó a una reconfiguración económica. Canadá, a pesar de no ser mencionada, denunció los sucesos y declaró que tomará sus propias medidas.
Por su parte, la bolsa de valores mundial sufrió una baja masiva, sobre todo tras los anuncios de medidas de contención. Mientras tanto, dentro de Estados Unidos y en el resto del mundo se registraron movilizaciones masivas y campañas de rechazo; estas últimas, a nivel internacional, instaron a los consumidores a eliminar el uso de productos provenientes de EE. UU.
Paralelamente, varias naciones —sobre todo en América Latina— que resultaron menos castigadas, con un 10 % de aranceles y México exenta, incluso han celebrado el anuncio. Podrían sacar provecho en este “caos” global, con el fortalecimiento de sus exportaciones a bajo coste relativo, abastecimiento de varios productos a menores precios y en cierta cercanía a EE. UU., de la mano de mayor empleo, al igual que recibiendo industrias extranjeras que quieren vender dentro de Estados Unidos a menores costos y con gobiernos más flexibles.
Este contexto, como se dijo, está repercutiendo y repercutirá en el mundo entero. Más allá del “coletazo” la posibilidad de una crisis económica, y la oportunidad de fortalecimiento de América Latina, gestará otros movimientos, como la generación de nuevas alianzas estratégicas. Por ejemplo, en Asia, donde el pasado 30 de marzo China, Japón y Corea del Sur se reunieron para dialogar sobre políticas arancelarias conjuntas en respuesta a las de Estados Unidos, un suceso inédito en muchos años.
De igual modo, se espera que este tipo de alianzas “novedosas” empiecen a surgir en todo el mundo como alternativa a las represalias estadounidenses y para detener el decrecimiento comercial. Esto podría generar una reconfiguración económica que excluya a Estados Unidos, y en la que el resto del mundo se reorganice para producir, comerciar y consumir sin la potencia norteamericana. Lo que, alargando la mirada y especulando un poco, podría incluso transformar el uso del dólar como moneda global.
En adición, este “aislamiento” de Washington del resto del mundo implicaría cambios en el poderío global que lleva construyendo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Dejaría de ser el gigante geopolítico con presencia en todas las locaciones —tradicionalmente conocido como “el gran hermano protector del mundo”— para vivir más internamente, lo que generaría que potencias como China adquirieran mayor injerencia internacional, ocupando el hueco vacío.
Es evidente que esta es una estrategia de Trump, en la que utiliza el poder económico de Estados Unidos como medio de presión para lograr sus objetivos de política exterior e interior, a través de la imposición de aranceles exorbitantes. Esto afectaría profundamente el comercio internacional, generando desaceleración económica y, en el peor de los casos, una recesión global. Asimismo, impacta a sus aliados estratégicos como Europa y Asia, y abre nuevas oportunidades a América Latina, lo que genera nuevas alianzas entre naciones excluyendo a Washington.
Todo esto, mientras reconfigura el poder geopolítico mundial. EE. UU. perdería poderío y presencia exterior, y posibilita a potencias como China a ocupar su lugar. El nuevo orden multipolar parece ser la nueva realidad.
Comentarios
Publicar un comentario