Herencia colonial en Asía.
El pasado 24 de julio ocurrió una escalada en Asia, luego de que Tailandia y Camboya iniciaran enfrentamientos tras meses de hostilidades. Todo comenzó en mayo, cuando un soldado tailandés resultó herido por la explosión de una mina terrestre en la frontera, reavivando tensiones históricas que se remontan al periodo colonial. Este nuevo episodio de conflicto ya ha dejado 35 muertos, más de 300.000 desplazados y cientos de heridos. Posteriormente, gracias a la intervención de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), encabezada por Malasia, junto con China y Estados Unidos, el 28 de julio se acordó un cese al fuego bilateral, frágil pero inmediato. Sin embargo, al momento de escribir este blog, aún se reportan denuncias de intercambio bélico entre ambas naciones.
La región en disputa está
ubicada en la frontera entre Tailandia y Camboya, y abarca más de 800
kilómetros. Es conocida como la Zona del Triángulo Esmeralda, un área con
múltiples templos reclamados por ambos países, el más conocido es el Preah
Vihear, y rica en minerales, piedras preciosas y madera. Se trata de un
territorio de enorme valor político, económico y religioso, escasamente
poblado, poco accesible y mal cartografiado.
Durante décadas, esta
tensión ha persistido. Muchas de las piedras preciosas extraídas en territorio
camboyano han sido comercializadas por militares tailandeses, a menudo mediante
acciones ilegales y con cobertura encubierta. También se han denunciado actividades
de narcotráfico y trata de personas en la zona.
Este conflicto tiene
raíces coloniales. Entre 1863 y 1953, Camboya fue protectorado francés,
mientras Tailandia (entonces Reino de Siam) se mantuvo formalmente
independiente. En 1907, Francia impuso una delimitación fronteriza que Siam se
vio obligado a aceptar, pero que Tailandia ha impugnado desde entonces. Esta
frontera arbitraria ha alimentado disputas por décadas. El peso religioso y el
nacionalismo en ambos países exacerban aún más el conflicto.
Incluso ha llegado al
plano internacional. La Corte Internacional de Justicia (CIJ) se ha pronunciado
en dos ocasiones a favor de Camboya sobre la soberanía del Preah Vihear y el
Triángulo Esmeralda. No obstante, Tailandia no ha reconocido plenamente estos
fallos. Ahora, en medio de la nueva escalada, Camboya ha vuelto a llevar el
caso ante la CIJ.
Desde 2011 no se
registraban enfrentamientos de esta magnitud. La actual crisis comenzó en mayo
y se intensificó a mediados de julio. No está claro quién dio el primer paso:
fuentes aseguran que Camboya atacó con lanzacohetes posiciones tailandesas
cerca de zonas urbanas, mientras que Tailandia respondió con ataques a bases
militares camboyanas. Esto dejó un saldo de muertos, heridos y evacuaciones
masivas.
En medio de la tensión,
Tailandia anunció el cierre total de su frontera, mientras Camboya prohibió el
ingreso, tránsito y venta de productos tailandeses. Además, apeló al Consejo de
Seguridad de la ONU y a la CIJ por tercera vez. Tailandia rechazó esta vía,
afirmando que el conflicto debe resolverse bilateralmente. Aun así, los líderes
se reunieron en Malasia con la ASEAN y delegaciones de China y EE. UU.,
logrando un frágil cese al fuego.
A este complejo escenario
se suma la ausencia de liderazgos sólidos en ambos países. En Camboya, el
primer ministro Hun Manet sigue las directrices de su padre, Hun Sen, quien
gobernó hasta hace poco. En Tailandia, la primera ministra Paetongtarn Shinawatra
fue suspendida el 1 de julio tras la filtración de una llamada telefónica con
Hun Sen en la que lo llamaba "tío" y criticaba a sus propios mandos
militares. Su cargo quedó en manos del primer ministro interino Phumtham
Wechayachai. Por otro lado, aunque el rey de Tailandia no ejerce funciones
ejecutivas, su figura podría cobrar relevancia si el conflicto escala.
En cuanto al panorama
internacional, Camboya mantiene una estrecha relación con China, mientras que
Tailandia se alinea más con Occidente. Aunque es improbable una intervención
directa de estas potencias, ambas han hecho llamados a la paz. Trump se pronunció
al respecto en su red social Truth, y EE. UU. envió una delegación a las
negociaciones en Kuala Lumpur. China, como actor protagónico en su región, que
no va a ceder de ninguna manera, también participó y se prevén al menos dos
reuniones bilaterales entre ambos países, la primera el 29 de julio entre jefes
militares, y otra para el 4 de agosto.
A nivel militar,
Tailandia posee una clara superioridad sobre Camboya, por lo que a este último
no le conviene un conflicto prolongado. Por ello ha optado por la vía judicial
internacional. Tailandia, por su parte, atraviesa una crisis política y mantiene
una relación de interdependencia con Camboya, por lo que ha apelado a la
diplomacia regional, participando activamente en los diálogos de la ASEAN.
Este conflicto es un
claro ejemplo de cómo la herencia colonial sigue alimentando disputas
territoriales incluso un siglo después. Una región rica en recursos y con
profundo valor simbólico sigue siendo motivo de conflicto, avivado por el
nacionalismo y la debilidad institucional.
Pese a la tensión, es
poco probable que China o EE. UU. intervengan militarmente, ya que ambos están
inmersos en procesos de negociación económica que no quieren poner en riesgo.
Sin embargo, el conflicto no deja de ser una amenaza regional, especialmente
considerando la dependencia mutua de Tailandia y Camboya en sectores clave como
el turismo.
Vale destacar el papel
clave de la ASEAN, especialmente bajo el liderazgo de Malasia, como mediador
regional. La capacidad de reunir a actores tan diversos como China y EE. UU.
refuerza el rol del sudeste asiático como un espacio de diálogo y cooperación.
Esta asociación puede salir fortalecida y ganar relevancia global.
Todo está aún en
desarrollo. Queda por ver cómo evolucionará el conflicto, si se mantendrá
dentro del marco diplomático, y si los desplazados podrán regresar a sus
hogares. Lo cierto es que esta región, cargada de historia, recursos y
simbolismo, vuelve a recordarnos que en geopolítica, el pasado rara vez está
enterrado.
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