La encrucijada en Gaza.

 El día 18 de enero de 2025, Israel anuncio, tras 15 meses de conflicto en la Franja de Gaza, la aprobación del cese al fuego entre partes. Luego de meses de negociaciones en Qatar, con este gobierno, Egipto y Estados Unidos como mediadores, se ha dado este paso, aunque importante y coyuntural, rodeado de incógnitas, especulaciones y dualidades, que podrían cambiar el curso de este pacto o incluso destruirlo. 

Pese al gran hito que implica este acuerdo, pudiendo significar el final de este grave conflicto, aún falta mucho por recorrer, gran parte del proceso todavía no se ha discutido, ni siquiera hay certeza de que lo ya aprobado llegue a efectuarse y cualquier variable llegaría a anular o reactivar las agresiones. 

Tras varios intentos fallidos, presión internacional y meses de negociaciones complejas, finalmente el gabinete de Israel, firmo el acuerdo de paz con Hamás, la madrugada del sábado 18 de enero y entraría en vigor, el 19 de enero a las 8:30 am hora local. Dicho cese, consta de 3 fases; la tregua; la “paz sostenible”; y la reconstrucción de Gaza.  

La fase 2 y 3 aún no han empezado a negociarse, no obstante, se prevé que la fase 1, inicie el 19 de enero. Esta, se plantea por 6 semanas iniciales de cese al fuego bilateral, lapso en el que Hamás liberara 33 rehenes israelís, mientras Israel también excarcelaría presos palestinos, se retiraría de las zonas más densamente pobladas y de muchos corredores viales, para permitir el regreso de desplazados a sus hogares, o lo que queda de ellos y habilitaría el ingreso de ayuda humanitaria internacional. Todo esto sucedería por pasos y por condiciones. 

Tras la entrada en vigor de esta fase, éxito y luego de 16 días, se iniciarían las conversaciones para las fases restantes del acuerdo. La fase 2, pretende llevar a una paz real y sostenible, en la que Hamás liberaría la totalidad de los rehenes y regresaría los cadáveres de los difuntos, simultáneamente, Israel haría lo mismo, planteando su retiraría total de la franja, manteniendo solo zonas de amortiguación en la frontera, solo efectiva luego de la liberación total de los presos en Gaza. 

La última fase, aun sin definir, habla acerca de la reconstrucción de Gaza, devastada casi en su totalidad por la guerra, en la que se estima, más de 2 millones de personas volverían a sus hogares y se reharía la infraestructura demográfica de Franja. Un reto costoso y ambicioso que requeriría la acción conjunta y organizada del mundo para su materialización. 

Igualmente, aún se desconoce el futuro político en Palestina, quien gobernará los 360 kilómetros cuadrados; Israel no quiere que Hamás siga en el poder, o que la Autoridad Palestina lo recupere y plantea que esta zona siga bajo su supervisión; por su parte Hamás, aunque diezmado, bastante afectado militarmente y con una baja en la popularidad, no pretende su salida del liderazgo de la zona. Por lo que debería entrar en los diálogos futuros, como proceder.  

Es evidente que aun esta “crudo” este acuerdo, cualquier variable como el irrespeto al cese al fuego de quien sea, algún cambio en las dinámicas de retirada y de intercambio de rehenes, o incluso la imposibilidad de lograr un consenso, podrían traducirse en una reversa, tanto como el recrudecimiento de las hostilidades. 

La fragilidad de este acuerdo es también notable al interior del gobierno israelí de Netanyahu, ya que varios activos del estado y del gabinete se han mostrado reacios al cese al fuego y a lograr un acuerdo de paz total y duradera, expresando que dejarían de apoyar a la administración si esta, se reafirma y sigue sus esfuerzos por el pacto; lo que transformaría las dinámicas internas de la política y llevaría al primer ministro a buscar nuevos aliados y formas para mantener su apoyo y mayorías en el gobierno.  

Internacionalmente, existe cierto consenso para lograr un acuerdo de paz en la región, Netanyahu, se enfrenta a la presión internacional para mantener y efectuar un acuerdo de paz duradero. Sus vecinos, como Egipto y Qatar, más cercanos económicamente en los últimos años, están trabajando fuertemente por lograr una tregua y podrían contribuir en la reconstrucción de Gaza y servirle de socio comercial más activamente a Israel.  

Por su parte, Estados Unidos, principal aliado de Israel y que también ha jugado un papel protagónico en los diálogos para la paz, está a puertas de la llegada de Trump al poder, que, ha prometido una ola de cambios y endurecimiento del discurso internacional, en pro de la paz, igualmente y dado el carácter del presidente electo, no es probable que alguna parte quiera generar su ira o descontento y apelen a la paz. 

Estas naciones mediadoras, que también jugaran el papel de veedores y garantes, ocupan un lugar estratégico en este conflicto y sea cual sea la solución, lograrían ser priorizados en el curso que tome, saliendo beneficiadas. Resultando así, en una posición privilegiada y de relevancia geopolítica.  

Es notorio como, medio oriente está en una etapa de profunda transformación, frágil y sujeta a la mínima variación, rodeada de muchos factores impredecibles, que repercutirían en el panorama global, no obstante, es un gran logro, el, llevar los diálogos hasta “casi” la paz en un contexto tan adverso, y podría resultar en una paz efectiva. 

Paralelamente, la comunidad internacional y sobre todo Qatar, Estados Unidos y Egipto, se han movido estratégicamente para poder intervenir y beneficiarse del curso del conflicto en Gaza, haciendo uso del panorama geopolítico y sus cambios, como actores que intervienen. 

Aun no se ha efectuado el inicio del acuerdo del cese al fuego, falta ver cómo evoluciona, que nuevos factores entran a colación y como interactúan para dar resultados, esperando que finalmente y después de 15 meses se logre la paz, que las personas logren volver a sus hogares, recibir ayuda humanitaria y rehacer sus vidas. 

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