El conflicto de las Tierras Raras
Hay conflictos que trascienden el tiempo y mutan con los cambios de la civilización global. Este es el caso de lo que está pasando al este de La República Democrática del Congo (RDC), donde, desde finales del 2024 la violencia se ha escalado a máximos históricos, con múltiples gobiernos involucrados de alguna manera; hoy amenaza con el posible estallido de una guerra en África, que repercutiría en el resto del mundo.
Este conflicto, bastante complejo, se desarrolla en una de las regiones más ricas y menos explotadas del mundo, el este de la RDC; territorio que alberga alrededor del 74% del cobalto y del 80% del coltán existente, crucial para la elaboración de productos tecnológicos, como computadores y celulares. Así, quien posea control sobre esta región, dispone de un elemento fundamental para el funcionamiento de la civilización actual.
A esto anterior, se suma, la fuerte disputa entre las etnias Hutu y Tutsi, que se remonta a mediados de la década de 1990´s, con El Genocidio de Ruanda, en el cual alrededor de 800.000 personas, en su mayoría de la etnia tutsi, fueron asesinadas por extremistas hutus, tras un atentado al mandatario de la nación. Luego, en cabeza del actual presidente, Paul Kagame, los Hutus, retomaron el poder, resultando entre otras cosas, en que muchos tutsis huyeran de Ruanda a territorios de la vecina la RDC, donde esta etnia es mayoría demográfica.
La importancia de la riqueza de recursos del este de la RDC, adherida a los fuertes roces entre grupos, ha resultado en 30 años de violencia ininterrumpida, aunque con altos y bajos para esta región, dada por la presencia de múltiples grupos armados en discordia por el poder total; entre ellos, resalta el Movimiento 23 de marzo (M23), quienes en apoyo del gobierno ruandés se han tomado la ciudad de Goma, segunda más grande la República Democrática del Congo y capital de provincia, desde finales de enero del 2025 y han ido avanzando, obteniendo mayor control territorial, amenazando la frágil estabilidad en el vecindario.
De este estallido, poco se ha hablado en los medios de comunicación masivos, los gobiernos del mundo se han mantenido bastante al margen de estos sucesos. Esto, se podría deber, a que las grandes potencias globales son los compradores de los recursos que se explotan en esta región. Europa, Estados Unidos y las grandes empresas de tecnología, como Apple adquieren los insumos claves para sus productos de las minas que se encuentran en el este del RDC.
Asimismo, Ruanda es un colaborador activo de Europa, desde 2024 firmo un acuerdo comercial de cooperación para el suministro de insumos de materia raras hacia la UE, además, mantiene relaciones diplomacitas estrechas con el viejo continente y colabora en temas migratorios, como con Inglaterra. Todo esto, mientras apoya al grupo M23, aunque no oficialmente, se han comprobado nexos entre partes.
Es evidente así, como Ruanda ha logrado poner en una encrucijada al mundo, colaborando con Europa y el mundo en temas comerciales y diplomáticos, sin contar con la infraestructura y terreno para explotar y exportar minerales, pero igualmente haciéndolo; logrado, mediante el financiamiento y colaboración con grupos armados como el M23, que busca hacerse al control del este de la RDC y obtiene los recursos necesarios a través de todo tipo de medios, sobre todo violentos, luego, los transporta a Ruanda, para su posterior envió a todas locaciones, para la fabricación de los productos tecnológicos masivos usados por todos.
Así, Ruanda genera una respuesta a la demanda masiva de recursos, con grandes acuerdos comerciales, haciendo uso de medios que atentan con la soberanía de su vecino, La República Democrática del Congo, como la colaboración con grupos como el M23. Y los países implicados, al estar tan inmersos en esta cadena, se abstienen en su mayoría de comentar, pese a breves menciones, como el anuncio de solicitud de la revisión del acuerdo de comercial con UE o, el análisis de posibles sanciones por parte de EE. UU.
Mientras el mundo se mantiene al margen, la población civil de la RDC reclama la falta de intervención exterior, vandalizando embajadas internacionales en su territorio, por la toma del M23; quien, en los últimos días ha avanzado a otras regiones aledañas, lo que ha generado que el gobierno de Uganda anuncie su participación, de la no detención del conflicto. De igual forma, otras naciones, como Sudáfrica, quien cuenta con activos militares en la zoma, y que han resultado con bajas de sus ciudadanos, afirma responsabilidad de Ruanda en los enfrentamientos, tensionando aún más el vecindario.
Estas situaciones podrían acrecentar la violencia en África y generar una guerra a mayor escala, lo que obstaculizaría la cadena de acceso a los insumos de producción de aparatos tecnológicos usados por todos y, por ende, sus precios finales al consumidor.
En síntesis, la situación en la RDC se encuentra en un punto de tensión al borde de una escalada regional, las grandes potencias del mundo se encuentran involucradas y Ruanda es un protagonista que ha tomado el contexto para intervenir y sacar beneficios, colaborando con los principales países, poniéndoles en una disyuntiva sobre el respeto de los derechos humanos y loa valores económicos globales. Es un completo desorden, en torno a las reservas más grandes de minerales esenciales y tierras raras del mundo, mientras, miles de personas resultan damnificadas. Un escenario geopolítico perfecto y deplorable para entender las dinámicas modernas y la predominancia del capital como motor global, a costa de vidas civiles.
No conocía la magnitud de este conflicto en la RDC, excelente análisis y visión política de lo que está pasando en la región
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