Trump y la nueva política.

 La ola de cambios que ha traído la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, a 11 días de su posesión presidencial, copa los titulares globales. Como prometió el mandatario en campaña, las nuevas políticas recrudecidas y radicales contra migrantes y los anuncios de alzas a los aranceles, han repercutido en el vecindario y en el resto del mundo; este nuevo discurso, como se esperaba, está transformando y transformara profundamente las dinámicas geopolíticas del mundo. 

Este conjunto de nuevas disposiciones estatales inicio con la emprendida del gobierno de Estados Unidos para deportar a las personas indocumentadas dentro del territorio estadunidense, de la mano de operativos intensivos nacionales estrictos, cambios en las regulaciones internas y devoluciones masivas de deportados a sus naciones de origen, la administración Trump espera expulsar a 11 millones de personas.  

Generando así, una desestabilización regional. Los países de América Latina están recibiendo de a poco y esperan más de nacionales deportados a sus territorios de origen, muchas de estos gobiernos no cuentan aun con la infraestructura de ningún tipo para estos envíos, incluso, han conflictuado un poco, como el caso de Colombia y su presidente Petro el pasado 25 de enero, aunque se han comprometido firmemente a cooperar. 

Por otro lado, se encuentran las alzas a los aranceles, prometidas en campaña y anunciadas por Trump el 1 de febrero, del 25% de aumento para todos los productos de México y Canadá y del 10% para China. El objetivo de Estados Unidos es fortalecer la industria interna y disminuir las importaciones, de las que depende en gran medida la economía actual estadunidense, paralelamente, pretende generar presión externa en el quehacer político de los implicados. 

No obstante, dichas disposiciones ponen en riesgo los acuerdos de cooperación internacional, como el T-MEC; además, son un golpe a la economía de todos los implicados, quienes son principales socios comerciales y exportan e importan la mayoría de su producción entre estas asociaciones.  

En este contexto, las ambiciosas intenciones de Trump se enfrentarían a grandes desafíos. Lograr la deportación de 11 millones de personas es una tarea físicamente casi imposible, implica una embestida muy costosa y que ataca la estructura misma de los Estados Unidos, una nación construida en gran medida por migrantes. Estas personas, pese a los contrastes, suelen ser activos que trabajan en muchas labores que un ciudadano estadunidense no suele hacer, como la agricultura, la construcción y servicios de atención a la cliente básica, además, pagan impuestos, mueven capital y al final terminan integrándose a la sociedad. Resultan así en una pieza fundamental para el funcionamiento de Estados Unidos. 

Así mismo, estas personas que regresen a sus naciones de origen, en apoyo de los estados destino, podrían significar en muchos casos, como los de las naciones que no están en crisis profundas, como Venezuela, Cuba o Nicaragua, la integración de personal calificadas que alimenten el crecimiento económico, social y cultural, que podrían ser integradas y aprovechas. Sin embargo, en casos como las naciones que viven profundas dificultades y de individuos que huyen de mafias, conflictos y amenazas, implicaría una problemática que pone en riesgo su vida. 

Por otro lado, los aranceles, que, si bien buscan robustecer la economía estadunidense, generarían una crisis y mayor inflación final para el consumidor. Gran parte de la mercancía de consumo diario, de la canasta básica, y masiva, sufriría un incremento significativo, ya que estos provienen de las naciones afectadas por estos nuevos impuestos. No hay posibilidad de que en corto tiempo el gobierno y la industria de EE. UU.;  supla todo lo que compra en el exterior, de que compita con muchos de los precios de industrias externas, de que las empresas domiciliadas e instituidas en otros lugares se muden con toda su infraestructura dentro de país norteamericano, por lo que, se seguiría comprando y comerciando estos productos, pero a costos más elevados, que asumiría el comprador final, el ciudadano promedio, incrementando el coste de vida. 

De igual modo, si no hay migrantes, las personas que se dedican a labores colectivas básicas de construcción, de agricultura y en las fábricas de manufactura, mano de obra más económica, no habrá quien pueda sostener la nacionalización de la industria que propone Trump, trabajar en la base que sostendría la elaboración de los bienes de consumo básico masivo. La población estadunidense disponible para estas ocupaciones tampoco daría a abasto para lograr este objetivo.  

Es así como, el proyecto de Trump de expulsar a 11 millones de personas y de disminuir la dependencia exterior, fortaleciendo la industria nacional de EE. UU., difícilmente podría ser viable en las condiciones actuales. Se espera que estas políticas afecten en el corto plazo la economía de Estados Unidos, que disminuya la mano la obra en todas las áreas, que se incrementen los precios de todo tipo de productos y el coste de vida general. No obstante, aún está muy pronto para ver el impacto real de estas y la reacción del gobierno. 

Desde otra perspectiva, el cierre y endurecimiento de Estados Unidos con el resto del mundo, le podría dar espacio a que potencias como China, adquieran más relevancia, ya que muchos de los aliados de Estados Unidos, sobre todo en América Latina al quedar desprotegidos política y económicamente, buscarían nuevas alianzas comerciales y estratégicas, migrando a quien esté dispuesto a apoyar, perfecto para las pretensiones de “la nueva ruta de la seda” de Xi Jinping. Lo que lo fortalecería en detrimento de Estados Unidos.  

Es evidente el reto al que se enfrenta Trump y como se está moviendo el escenario geopolítico global, era de esperarse, pero su impacto real aún está por verse. Lo que, si es cierto, es que muchos cambios se avecinan y al final de la administración Trump, seguramente el mundo será completamente diferente. Falta ver que sucederá, esperando que se garanticen los Derechos Humanos y que el golpe a las economías no destruya la frágil estabilidad global.  

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