EE. UU. e Irán reabren dialogo.

 El 12 de abril, se reunieron representantes de Irán y de Estados Unidos en Mascate, capital de Omán, en un hecho inédito en 10 años, para dialogar sobre el arsenal nuclear iraní. Este suceso ocurre luego de amenazas de Trump a la nación islámica, instándola a renunciar a sus reservas o enfrentar ataques militares encabezados por Israel. Asimismo, las conversaciones tienen lugar en un contexto en el que Irán se encuentra bastante debilitado, tras meses de ataques israelíes a su territorio y los recientes cambios políticos, sobre todo en Siria, con la entrada del nuevo gobierno. 

El anuncio del acercamiento por parte de EE. UU. tomó por sorpresa al gobierno de Masoud Pezeshkian, presidente iraní, tras varios años sin contacto, las sanciones internacionales vigentes sobre Irán desde 2012 y el fallido Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, en inglés), firmado en 2015, en el que también participaban Reino Unido, Francia, Rusia, China y Alemania. Este acuerdo limitaba el uso del programa nuclear y permitía supervisión internacional, del que Trump decidió retirarse en 2018, al considerar que no era permanente y que no incluía el programa de misiles balísticos de Irán, entre otras cosas. 

Tras afirmaciones sobre el desarrollo nuclear, y en un tono un tanto amenazante por parte de los involucrados, finalmente se dio el encuentro en Omán, mediado por este último. Se conocen pocos detalles en profundidad, aunque, según fuentes gubernamentales, fue “constructivo”, y se espera que se inicien conversaciones oficiales para llegar a un acuerdo. No obstante, se sabe que ambos presentaron ambiciosos requerimientos: EE. UU. mencionó que incluso el arsenal nuclear iraní destinado a energía debería ser destruido (algo legal dentro del marco de la ONU), mientras que Irán habló de facilitar una mayor participación y acción de inversores estadounidenses para incentivar el crecimiento económico. 

Adicionalmente, Washington sugirió ampliar las conversaciones, abarcando temáticas como los misiles bélicos de Teherán, así como el presunto apoyo israelí a grupos terroristas como Hezbolá del Líbano o los hutíes de Yemen; situación que fue negada rotundamente por Israel, que ratificó que el enfoque será netamente el tema nuclear. Aún es muy reciente este acercamiento, pero este hecho inédito implicaría una transformación geopolítica, sobre todo en la región árabe. 

En contraste, el fracaso en el desarrollo de un acuerdo, sumado a las crecientes amenazas, supondría una escalada de hostilidades en Oriente Medio. Israel está dispuesto a entrar en una guerra abierta con Irán; ya lo ha demostrado con varios ataques de misiles cruzados. Por su parte, EE. UU. ha declarado que atacaría si no se concreta un pacto; sin embargo, esto distaría del plan de gobierno de Trump y de su intención de disminuir el gasto público o involucrarse en una guerra en territorio internacional. Asimismo, arrastraría a Estados Unidos a uno de los conflictos más grandes e inestables del mundo, lo cual también comprometería a sus aliados, al uso de las bases militares del Golfo y especialmente las de Omán, el aliado con más presencia en la región. No obstante, este país difícilmente accedería por sus otras alianzas y el temor a represalias. 

Así, destruir el arsenal iraní resulta inviable y costoso en todos los sentidos para EE. UU. e Israel: implicaría una escalada de hostilidades en la región, el uso de bases militares, la participación de aliados no tan abiertos como Omán, y contradiría las banderas de gobierno de Trump. Para Israel, pese a querer una guerra abierta, sin apoyo externo no lograría acabar con el arsenal iraní, ya que este se encuentra mayoritariamente bajo tierra y se desconoce si sus armas lograrían penetrar hasta allí; además, recibiría mayor rechazo internacional. 

Para Irán, su arsenal nuclear implica su eje de presión internacional. Podría acceder a pretensiones exteriores para su disminución o control, pero es poco probable que desista por completo del programa, ya que este le brinda poder geopolítico y atemoriza a sus contrincantes. Aunque, esta nación sí podria disminuir las sanciones que limitan su crecimiento económico y, sumida en una crisis, se mostaria interesada y abierta al diálogo. 

Lo anterior establece un contexto adverso para el desarrollo de conversaciones nucleares entre Irán y Estados Unidos. Una escalada del conflicto implicaría muchas pérdidas y parece ser más un mecanismo diplomático que una alternativa real, excepto por Israel, que está dispuesto al conflicto. Lo mas seguro es que estos diálogos conduzcan a un nuevo convenio que logre beneficiar a ambas partes: le dé seguridad a EE. UU. sobre el uso nuclear iraní, y a la nación islámica le permita mejorar sus relaciones internacionales e incentivar el crecimiento económico. Falta ver qué sucederá. 

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