La Fe y la Política en Disyuntiva.
El 26 de abril, ante los ojos del mundo, se celebró en el Vaticano el funeral del Papa Francisco, tras 12 años de papado. En una ceremonia llena de simbolismos, se despidió al sumo pontífice. Más allá de la solemnidad del evento, llamó la atención el momento geopolítico generado por la reunión de varios mandatarios vinculados al conflicto en Ucrania: Trump, presidente de EE. UU.; Zelenski, presidente de Ucrania; Macron, jefe de Estado francés; y Starmer, primer ministro británico, habrían dialogado brevemente en la Basílica de San Pedro, antes del inicio de los actos funerarios.
La despedida del Papa Francisco sirvió como escenario para que los mandatarios de Ucrania y Estados Unidos, tras casi dos meses del desastre diplomático en la Oficina Oval, pudieran dialogar cara a cara, sin intermediarios. Aunque breve, de alrededor de 15 minutos, el encuentro fue calificado como constructivo. Se cree que conversaron sobre detalles del cese al fuego y la posible delimitación de fronteras tras la guerra.
Pese a su brevedad, este acercamiento es altamente simbólico: representa una señal de apertura entre naciones distanciadas, en torno a un objetivo común, la paz en Ucrania. Evidencia, además, que existe un interés real por avanzar, tanto desde EE. UU. como desde Ucrania. Según comunicados oficiales, se prevén nuevas reuniones.
Por su parte, la presencia activa de Francia y Reino Unido revela la intención de Europa de asegurar un rol central en las negociaciones, no solo como mediador, sino también como garante de sus propios intereses y como contrapeso frente a cualquier ambición expansionista de Rusia. Esto reposiciona a Europa como un actor relevante y respetado en la mesa de diálogo, fortaleciendo a Ucrania con más aliados y redistribuyendo la balanza de poder en el proceso de paz.
Todo este contexto se da tras una serie de eventos recientes: pocos avances hacia la paz, una visita considerada positiva de la delegación estadounidense a Rusia el 25 de abril, y declaraciones controvertidas desde Washington, donde se sugirió que Crimea, ocupada por Rusia, pero reconocida internacionalmente como parte de Ucrania, podría ser cedida oficialmente al final del conflicto, propuesta rechazada tajantemente por Kiev. Además, Trump criticó en "X" la posición de Putin, cuestionando su compromiso real con un acuerdo de paz y acusándolo de simplemente seguir el discurso sin una voluntad verdadera de resolución.
Poco después del encuentro en el Vaticano, Putin anunció un nuevo cese al fuego para los días 8, 9 y 10 de mayo. Ucrania, sin embargo, exigió garantías reales y duraderas, mientras la comunidad internacional acusa a Rusia de repetir maniobras diplomáticas de "buena voluntad" superficiales, carentes de sustancia.
Así, el funeral del Papa Francisco se convirtió en el escenario inesperado de un acercamiento geopolítico crucial respecto al conflicto en Ucrania. Los líderes estrecharon lazos y delinearon un nuevo "tablero de juego" para las negociaciones de paz, en las que Europa, esta vez, buscaría un papel protagónico.
De igual manera, es notoria la voluntad de Occidente de impulsar un cese al fuego: pese a las tensiones diplomáticas, particularmente entre Europa y EE. UU., todos parecen converger en el objetivo común de alcanzar la paz, aunque sin dejar de proteger sus propios intereses. Mientras tanto, Rusia mantiene una postura ambigua: realiza gestos que aparentan disposición, pero sin avanzar de manera clara y concreta hacia el fin del conflicto, apostando a que EE. UU. facilite un acuerdo que le sea favorable.
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