Sudán entre el Poder y el Silencio
El conflicto armado en Sudán, que se intensificó a mediados de abril de 2023, dio un giro en los últimos días tras un recrudecimiento de enfrentamientos en la ciudad de Puerto Sudán, actual sede provisional del gobierno. Las Fuerzas paramilitares de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés) lanzaron una ofensiva luego de que un tribunal de la ONU desestimara la denuncia del gobierno sudanés contra Emiratos Árabes Unidos (EAU) por presunto apoyo a los grupos rebeldes.
Desde primavera de 2023, este gigante africano ha sido escenario de una guerra interna devastadora. Las tensiones latentes entre el ejército nacional y las fuerzas paramilitares estallaron en Jartum y se extendieron rápidamente a otras regiones. Lo que comenzó como una disputa por el poder militar se transformó en uno de los conflictos más graves del continente, dejando millones de personas desplazadas. Ante la escalada, el gobierno se replegó y se instaló en Puerto Sudán. Sin embargo, desde el 6 de mayo, nuevos ataques liderados por las RSF han intensificado la crisis.
Emiratos Árabes Unidos, actor clave en este conflicto, ha estado involucrado en supuestos esfuerzos diplomáticos junto a Estados Unidos para alcanzar un acuerdo de paz, pero también ha sido señalado por apoyar militarmente a las RSF. El gobierno sudanés lo acusa de suministrar armamento al grupo paramilitar, lo que contradice sus pretensiones de neutralidad y mediación.
En este contexto, en marzo de 2024, Sudán denunció oficialmente ante la Corte Internacional de Justicia a los EAU por incumplir la Convención sobre el Genocidio, alegando que financiaban y armaban a las RSF. En respuesta, los Emiratos argumentaron que el tribunal no tenía jurisdicción sobre el caso. Finalmente, en mayo, el tribunal de la ONU desestimó la denuncia, considerando que los EAU están exentos por una salvedad jurídica. La decisión fue celebrada por los Emiratos y rechazada por el gobierno sudanés.
Pocos días después, se produjeron nuevos enfrentamientos en Puerto Sudán. Las RSF atacaron el aeropuerto y otros puntos estratégicos de esta ciudad costera, que alberga actualmente al gobierno y a múltiples misiones humanitarias. A pesar de las agresiones, hasta el momento de escribir esta entrada, el gobierno sudanés no ha lanzado una respuesta militar formal. Tanto Estados Unidos como la ONU condenaron los ataques y pidieron un cese al fuego, aunque las condiciones actuales lo hacen improbable.
Sudán enfrenta hoy una guerra civil profunda que la aísla cada vez más del mundo. Sus principales conexiones exteriores han sido atacadas, y la posibilidad de una resolución pacífica se desvanece.
La injerencia extranjera es evidente. Los Emiratos Árabes Unidos parecen tener un vínculo directo con las RSF: la excepción jurídica los protegió ante la justicia internacional, pero la coincidencia entre el fallo del tribunal y los nuevos ataques deja ver una relación estrecha. Mientras se presentan como promotores de paz, actúan como una de las principales fuerzas detrás del conflicto. Además, cuentan con aliados poderosos, como Estados Unidos, que los respaldan abiertamente, lo que contribuye al blindaje y la impunidad de sus acciones.
La guerra en Sudán es hoy un reflejo claro de cómo la geopolítica moderna funciona: pesan más los intereses económicos, las alianzas y el poder que la vida de millones de personas. Sudán, una nación rica en oro, plata y petróleo, está siendo desangrada por una guerra interna financiada desde el exterior.
Queda por ver qué pasará. Pero por ahora, el pueblo sudanés sigue resistiendo una de las peores crisis de su historia.
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