Israel e Irán: Nuevo Capítulo.

 El viernes 13 de junio el mundo evidenció una escalada de hostilidades fuerte y peligrosa en Medio Oriente, luego de que Israel, de manera coordinada y masiva, emprendiera un ataque contra Irán. Lo que Netanyahu nombró como la Operación "León Naciente" fue una ofensiva contundente, la más fuerte en 20 años desde la guerra Irán-Irak, dirigida contra objetivos militares, civiles y bases científicas iraníes donde presuntamente se trabajaba en el enriquecimiento de uranio, a través de un despliegue aéreo que dejó varios muertos. Entre ellos, confirmados, están Hossein Salami, jefe de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, y seis destacados científicos nucleares.

Israel afirma que este ataque fue "una operación militar selectiva que pretendía contrarrestar la amenaza iraní a la propia supervivencia de Israel", señalando que "si no se le detiene, Irán podría producir un arma nuclear en muy poco tiempo". Por su parte, el ayatolá Alí Jamenei, líder supremo de Irán, rechazó los hechos con dureza, afirmando que su respuesta sería contundente y que el ataque no quedaría impune. Irán inició una contraofensiva hacia territorio israelí, aunque ha sido contenida en gran medida por "la Cúpula de Hierro".

Desde entonces, las hostilidades han aumentado. El mercado global se ha estremecido y la comunidad internacional observa alarmada. Sin embargo, más allá de los hechos visibles, hay una reconfiguración geopolítica en marcha que gira alrededor de este conflicto.

Partiendo de la motivación israelí, aunque Netanyahu justifica la ofensiva en la necesidad de proteger su seguridad nacional y frenar el desarrollo de un arma nuclear iraní, el ataque constituye una violación a la soberanía de Irán, premeditada y a gran escala. Israel sabía que una acción de este tipo escalaría las tensiones regionales, por eso atacó de forma masiva, con la intención de desestabilizar al gobierno del ayatolá, alcanzando líderes claves del aparato estatal y científico, sin tocar al líder principal.

La ofensiva logró agitar un panorama ya tenso. Irán, que atraviesa una crisis económica y enfrenta poca aprobación ciudadana, recibió un golpe estratégico que podría debilitar aún más su capacidad de acción. Más allá del contraataque inmediato, el objetivo parece ser empujar una fragmentación del régimen iraní, sembrando dudas sobre su soberanía, su organización interna y su autoridad.

Un actor fundamental en esta escena es Estados Unidos, el aliado más fuerte de Israel. Su posición ha sido ambigua: la Casa Blanca aseguró no haber participado en la ofensiva, en un comunicado oficial e incluso Trump había instado días antes públicamente a evitar una escalada. Pero tras el ataque, el mandatario emitió un comunicado presionando a Irán para firmar el acuerdo de limitación nuclear, amenazando con represalias y el 15 de junio se visibilizaron despliegues buques militares en la región. Si bien no se ha confirmado participación directa, la relación entre el Mossad e inteligencia estadounidense hace pensar en una colaboración encubierta.

Irán, por su parte, ha intentado reorganizarse para sostener el conflicto, pero el golpe inicial fue devastador. En cuanto a sus aliados tradicionales, como Hezbolá, Siria, Hamás o las milicias chiíes en Irak (conocidos como el Eje de la Resistencia), han mantenido una postura cautelosa. A pesar de su cercanía ideológica, nadie quiere abrir un frente directo con Estados Unidos.

China y Rusia, aunque aliados comerciales de Irán, tampoco parecen querer intervenir más allá de una condena diplomática. El resto del mundo, como la ONU y la Unión Europea, también se ha limitado a emitir llamados a la calma.

Por ahora, Irán se enfrenta casi en solitario a Israel, respaldado ambiguamente por EE. UU. Ambos tienen grandes capacidades militares, lo que podría prolongar y escalar el conflicto. Si bien el Eje de la Resistencia podría entrar en acción, el temor a una guerra abierta con Estados Unidos mantiene al resto del mundo en silencio.

Para Netanyahu, la alianza con Washington es su mayor escudo. Aun así, es poco probable que Trump quiera embarcarse en una guerra a gran escala, considerando las protestas internas, la caída del dólar y su baja popularidad. Una guerra prolongada podría afectar gravemente su administración.

Ya se sienten las repercusiones económicas: los precios del petróleo subieron, los mercados se volvieron más volátiles, y sectores como el turismo y el ocio sufrieron caídas. El estrecho de Ormuz, clave para el comercio mundial de energía, podría verse afectado, impactando el flujo global de petróleo, el espacio aéreo internacional de la región está cerrado.

En definitiva, la embestida israelí reconfigura el mapa internacional. No solo busca desmantelar el régimen iraní, sino también reafirmar el poder de Israel con apoyo de Estados Unidos. Aunque aún es pronto para conocer el desenlace, el conflicto ya deja ver que una guerra regional puede tener consecuencias globales. Medio Oriente vuelve a estar en el centro del tablero, y el mundo entero sentirá sus movimientos.

Comentarios

  1. Excelente análisis, simplemente señaló, que a veces quien pega primero pega mejor, aún sabiendo la dimension de este conflicto, Dios Proteja este mundo

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