Un nuevo orden: Europa mira al Sur.
Desde el 5 de junio, Lula
da Silva ha estado en visita oficial en Francia. Lo que parecía una rueda
diplomática rutinaria se convirtió en noticia global, en torno a la urgencia
por firmar el tratado de cooperación comercial entre la Unión Europea y Mercosur.
Este acuerdo, en negociación desde hace más de 25 años, ha enfrentado todo tipo
de altibajos. Sin embargo, recientemente ha cobrado impulso, dada la
transformación del escenario geopolítico global: la guerra comercial y los
aranceles de la administración Trump, la necesidad de diversificar alianzas
comerciales, la crisis climática, entre otros factores.
Estos movimientos, en
medio de un contexto internacional tan convulso, estallaron mediáticamente el
viernes 6 de junio, cuando los mandatarios de Brasil y Francia se refirieron
públicamente al tema. Si bien dialogaron previamente en privado, Lula expresó
enfáticamente su intención de firmar el acuerdo, hizo un llamado a sus
homólogos para apoyarlo e incluso mencionó la urgencia de aliarse frente a la
incertidumbre comercial que rodea a Washington.
Por su parte, Emmanuel
Macron se mostró más mesurado, pero también más abierto que en ocasiones
anteriores. Señaló que el pacto debe incorporar modificaciones antes de ser
ratificado, especialmente medidas que protejan al sector agropecuario europeo,
que teme verse afectado por una nueva ola comercial. Macron sugirió la
activación de una cláusula de salvaguardia que evite la desregulación del
mercado, y exigió normas equitativas para todos los involucrados, sobre todo en
el plano fitosanitario, donde Europa mantiene estándares más estrictos que
Sudamérica.
La postura del presidente
francés evidencia un giro profundo en la política exterior de Francia y de la
propia Unión Europea. Históricamente, Francia ha sido uno de los principales
detractores del acuerdo, y sus agricultores han protagonizado importantes
protestas y bloqueos, alegando que los trabajadores europeos operan bajo
normativas ambientales y sanitarias más estrictas que sus pares sudamericanos.
Esto, aseguran, generaría una competencia desigual y pondría en riesgo las
economías locales.
Aun así, esta apertura de
Macron, en su rol de liderazgo dentro de la UE, refleja también la presión
interna del bloque por abrirse a nuevos mercados, alejarse progresivamente de
la dependencia de Estados Unidos y amortiguar el impacto de los aranceles. Con
este tratado, la UE podría convertirse en el primer socio comercial del
Mercosur, lo que facilitaría la exportación de automóviles, maquinaria y
productos farmacéuticos europeos, mientras que los países del bloque
sudamericano podrían vender más carne, azúcar, miel, soja, entre otros
productos a Europa.
El acuerdo contempla
beneficios para 31 países, incluyendo la entrada de hasta 99.000 toneladas de
carne bovina y 180.000 toneladas de carne aviar con aranceles reducidos, entre
otras disposiciones. Desde diciembre de 2024, existe un texto preacordado: la
Comisión Europea, como negociador del bloque, cerró parte del acuerdo con
Brasil, Paraguay, Argentina y Uruguay. No obstante, Francia se opuso a
ratificarlo, presionada por su sector agrícola interno, lo que hace
especialmente valioso este reciente acercamiento entre Lula y Macron.
Todo indica que el mundo
está reordenándose, y la urgencia por concretar este tratado lo demuestra.
Aliados estratégicos como la UE y Mercosur intentan sellar un acuerdo que lleva
más de un cuarto de siglo en espera. Europa, ante el temor a las represalias
económicas de EE. UU., busca nuevos socios en América Latina. Incluso Francia,
históricamente opuesta, ha mostrado mayor apertura: con algunos ajustes,
estaría dispuesta a ratificar el acuerdo, dando prioridad al impacto
geopolítico sobre las resistencias internas.
Para Sudamérica, este es
un paso gigantesco: no solo acerca al continente a Europa a nivel comercial,
con enormes oportunidades de crecimiento, sino que posiciona a Mercosur como un
actor estratégico y emergente en la reconfiguración del orden internacional.
Lula da Silva, a las puertas de asumir la presidencia pro tempore de Mercosur
en julio y con niveles de aprobación en descenso en Brasil, encuentra en este
proceso una oportunidad para reafirmarse como líder regional e internacional.
En paralelo, esta oleada
de acercamientos entre Europa y América Latina ha dado lugar a otras alianzas,
como el Acuerdo Marco de Asociación entre la UE y Chile, que impulsa la
cooperación en acción climática, energía verde, seguridad e innovación digital.
Entró en vigor el 1 de junio y representa beneficios tangibles para ciudadanos
y empresas de ambas regiones.
Así, la reconfiguración
geopolítica global es cada vez más evidente. Las naciones buscan nuevas
alianzas que mitiguen el impacto de las medidas proteccionistas
estadounidenses, lo que ha desbloqueado negociaciones que llevaban años
estancadas.
De igual forma, los intereses estratégicos, como las vastas reservas naturales
del Amazonas, han incentivado pactos entre actores clave. Se espera que el
tratado entre la UE y Mercosur se firme antes de que finalice el 2025,
consolidando un cambio de época donde los equilibrios se mueven y Estados
Unidos comienza, lentamente, a quedar al margen.
Interesante artículo, pues esa es la reorganizancion económica global que buscan los países y los bloques económicos ante cambios y amenazas en sus entornos de comercio
ResponderBorrar