El Rio Nilo en disputa.

Las fuentes hídricas son un recurso invaluable en el mundo, por lo que no sorprende que surjan numerosas disputas entre naciones en torno a su acceso, uso y control. Tal es el caso del río Nilo, en el noreste de África, eje de una larga tensión entre Etiopía, Sudán y Egipto. Durante el siglo XXI, estas naciones han protagonizado desencuentros por el inmenso caudal del río, y en especial, por la Gran Presa del Renacimiento Etíope (GERD, por sus siglas en inglés). Esta región volvió a ser noticia recientemente, ya que la semana pasada el gobierno etíope declaró que la mega infraestructura está oficialmente terminada.

La represa, con una inversión de 4.000 millones de dólares, mide 1.800 metros de largo y 175 metros de alto, y está respaldada por un embalse con capacidad para almacenar hasta 74.000 millones de metros cúbicos de agua. Etiopía inició su construcción en 2011, y ahora, según informó el primer ministro Abiy Ahmed, está lista, aunque se espera su inauguración oficial en septiembre de 2025. Este megaproyecto promete duplicar la producción actual de electricidad del país, superando los 6.000 megavatios, lo que convertiría a Etiopía en un exportador neto de energía en la región.

El anuncio generó una ola de reacciones a nivel internacional. Los países vecinos acusaron a Etiopía de intentar imponer un “dominio hídrico”, al construir una presa en aguas del Nilo Azul sin un acuerdo vinculante con los países río abajo, como, Sudán y Egipto, poniendo en riesgo su seguridad hídrica. Incluso Estados Unidos reaccionó: el expresidente Donald Trump se refirió al conflicto y llamó a una resolución rápida, subrayando la importancia geopolítica de esta gran fuente fluvial.

Esta no es la primera vez que hay fricciones entre Etiopía, Sudán y Egipto. Desde el inicio de la construcción de la GERD, en 2011, la región ha vivido años de tensión, diálogos estancados y amenazas de posibles enfrentamientos. La disputa ha escalado al plano regional: Uganda, país ubicado río arriba, ha sido uno de los principales aliados de Etiopía. Asimismo, Ruanda, Sudán del Sur, Tanzania y la República Democrática del Congo han respaldado la postura etíope.

En enero de 2020, los gobiernos de Egipto, Sudán y Etiopía alcanzaron un principio de acuerdo sobre varios puntos clave en torno a la presa. Sin embargo, el primer ministro etíope decidió retirarse de las negociaciones antes de la firma, lo que profundizó las tensiones con El Cairo y Jartum, ya agravadas por el conflicto interno activo en Sudán.

En este contexto de tensión creciente, Etiopía anunció en octubre de 2023 la entrada en vigor del acuerdo de cooperación conocido como la Iniciativa de la Cuenca del Nilo, en la que participan Ruanda, Sudán del Sur, Uganda, Tanzania y la República Democrática del Congo. No obstante, Egipto y Sudán no ratificaron el tratado, intensificando el conflicto y alimentando el discurso de exclusión por parte de Addis Abeba.

Egipto, el país más poblado del mundo árabe, depende casi por completo del Nilo para abastecer de agua a su población, su agricultura y su funcionamiento nacional. Cualquier variación en el caudal, producto de factores externos o decisiones unilaterales, podría tener consecuencias devastadoras. Por ello, Egipto ha mantenido una oposición firme y sostenida al proyecto. El ministro egipcio de Recursos Hídricos, Hani Sewilam, acusó a Etiopía de violar el Derecho Internacional, amparándose en un tratado de la era colonial, firmado en 1929 entre Egipto y el Reino Unido, que otorgaba a Egipto y Sudán derechos exclusivos sobre el Nilo —sin considerar a otros actores del continente.

Así, uno de los ríos más largos e históricos del planeta está en disputa. Egipto, Sudán y Etiopía llevan años enfrentados por su uso, reparto y acceso. Todos dependen profundamente de este recurso, y cualquier alteración impacta directamente en sus poblaciones, economías y estabilidad nacional. Si el agua escasea, podrían surgir desplazamientos internos, crisis alimentarias, tensiones sociales y colapsos urbanos.

Si no se alcanza un consenso regional real e inclusivo, y si factores como el cambio climático o gestiones unilaterales afectan el flujo del río durante las sequías, el conflicto podría escalar. Egipto ya ha mostrado disposición a elevar el tono diplomático, involucrar a organismos como la ONU o incluso buscar apoyo de aliados como Estados Unidos, lo que abre la posibilidad de un conflicto regional más amplio.

La ausencia de un acuerdo legal vinculante y la creciente tensión exponen la fragilidad del derecho fluvial internacional, especialmente cuando se entrelazan con el acceso a la energía y el poder estratégico. En un contexto de creciente escasez, el agua se convierte en un bien tan valioso como volátil.

La región del Nilo está en juego. Todos los países involucrados luchan por proteger y maximizar su presencia sobre este río vital, conscientes de que su supervivencia misma depende de ello. Hasta que no se consolide un pacto multilateral justo, la puerta sigue abierta a un estallido de hostilidades. 

De igual forma, es de resaltar como las colonia en África que termino hace varias décadas sigue siendo hoy una variable que acrecienta tensiones, en la que las naciones actuales se sustentan para hacer reclamos o exigir derechos.

El agua es y será crucial para el mantenimiento de la humanidad. África esta divida por este recurso y aún falta ver qué sucederá con esta situación aún en desarrollo.

 

 

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