La fallida Guerra Comercial.
Desde noviembre de 2024, el dólar ha venido en una tendencia de caída internacional, mientras el euro, el yuan, la rupia india, el real brasileño e incluso el peso colombiano se han apreciado. Este cambio político y financiero, sin precedentes desde la década de los 70, responde a una ola de transformaciones en el mundo: las tasas de interés de la Fed, el déficit fiscal de EE. UU., tensiones geopolíticas, guerras, elecciones inminentes y, sobre todo, el proyecto de gobierno de Trump y su guerra comercial.
El detrimento del dólar ha sido
una constante desde las últimas elecciones presidenciales en Estados Unidos. La
política exterior cambiante y volátil, la guerra comercial y la incertidumbre,
además de factores internos, han repercutido negativamente en el precio de la
divisa estadounidense. La promesa de campaña de Trump de catapultar y mantener
su moneda como la más fuerte del mundo parece haberse quedado solo en palabras.
Paralelamente, otras divisas como
el euro, el yuan, la rupia india, el real brasileño e incluso el rublo (a pesar
de las sanciones internacionales), han experimentado un fortalecimiento en
conjunto. Muchos factores explican esta coyuntura: parece una estrategia global
de desdolarización, donde los mercados, tanto locales como internacionales, migran
hacia alternativas más rentables y antes apenas exploradas, dada la hegemonía
del dólar en las últimas décadas.
Incluso mercados aliados
tradicionales de EE. UU.
están migrando hacia nuevas alternativas. La
Unión Europea ha buscado acercarse a nuevos
socios como Mercosur, flexibilizando posturas y retomando negociaciones que
llevaban años estancadas. De eso ya hemos hablado en
este blog.
Así mismo, los BRICS han tomado
más protagonismo. Sus encuentros y propuestas ocupan cada vez más titulares, y
los países candidatos a unirse se muestran más activos. Se habla incluso con
mayor positivismo del impacto que este conglomerado puede tener en la economía
global, sobre todo con su propuesta de una moneda común, independiente del
dólar.
Por su parte, China ha emprendido
un proyecto ambicioso para fortalecer el yuan. Beijing ha puesto en marcha
reformas para posicionar su moneda en el comercio y las finanzas
internacionales: flexibilización de controles de capital, expansión de sistemas
de pago transfronterizos y lanzamiento de productos financieros propios. Esta
apertura busca atraer inversión extranjera, aumentar las cuotas de capital
extranjero y presentar al yuan como una divisa segura y rentable. Así, esta
divisa se perfila como una verdadera alternativa al dólar.
Del lado latinoamericano, algunas
divisas también se han favorecido. El real brasileño se ha fortalecido gracias
a acuerdos comerciales regionales e inversión extranjera directa. El peso
colombiano y el argentino también han ganado valor, aunque en este último
influyen factores específicos como el proyecto de Milei. No obstante, se trata
de una tendencia regional que contrasta con el debilitamiento del dólar.
Desde otra perspectiva está
Rusia. A pesar de las sanciones internacionales, el rublo se ha apreciado.
Putin ha firmado y proyecta firmar más acuerdos comerciales con China, y su rol
dentro de los BRICS ha favorecido la moneda, y con ella, su economía.
Incluso las criptomonedas han
ganado fuerza. El Bitcoin cayó tras el anuncio de nuevos aranceles por parte de
Trump, pero luego repuntó y se ha mantenido en máximos históricos desde
entonces. Lo mismo ha sucedido —aunque en menor medida— con otras criptomonedas.
A todo esto se suman factores
internos. En 2022 y 2023, la Fed subió agresivamente las tasas de interés para
controlar la inflación. Pero la economía comenzó a frenarse y detuvieron las
subidas. Como resultado, los bonos del Tesoro dejaron de ser tan atractivos y
los inversionistas globales comenzaron a buscar mercados más rentables y
seguros, disminuyendo la demanda por el dólar.
Adicionalmente, el déficit fiscal
de EE. UU. se ha disparado
en 2025. El país imprime más dinero o emite deuda para cubrir ese hueco. El
Congreso no ha logrado un acuerdo efectivo para solucionarlo. Esto ha generado
desconfianza: gobiernos e inversionistas extranjeros están comenzando a vender
sus reservas en dólares, temiendo que pierdan valor, lo que debilita aún más la
divisa.
Este contexto, que puede parecer
abstracto, se traduce en un cambio económico global. Lo que parecía una jugada
fuerte de Trump, hoy está transformando el eje del poder financiero. Las
naciones, lejos de ceder ante las pretensiones de Washington, están buscando
nuevas rutas para impulsar sus economías. Intercambios antes impensables se
están concretando, nuevos aliados surgen, y hasta la idea de una moneda común
BRICS suena cada vez más viable y atractiva.
Para el ciudadano de a pie, esta
ola de transformaciones puede reflejarse en los precios de
importaciones/exportaciones, en las fluctuaciones del oro, el petróleo y las
criptomonedas, y en posibles ajustes del comercio y crédito internacional. Aún
estamos viendo los efectos iniciales, pero a largo plazo esto podría significar
una transformación profunda en la economía mundial.
Lo anterior también representa
una oportunidad coyuntural para muchas naciones del mundo: China, Rusia y
América Latina están aprovechando esta brecha para posicionarse como potencias
comerciales. Incluso la moneda común BRICS podría materializarse. Lo cierto es
que la administración Trump está reconfigurando el orden geopolítico económico
global, y no parece estar saliendo favorecida. Aún falta mucho por ver entre
tantos cambios e incertidumbres.
Muy buén análisis; aún es muy pronto para ver el impacto en las economias del mundo, pero es innegable que se están abriendo nuevos caminos que buscan minimizar el efecto que las políticas globales de Trump quieren lograr en sus adversarios económicos. En toda guerra siempre hay muchas más víctimas de las previstas (sobre todo inocentes) que son las que realmente acusan el golpe en sus bolsillos en el dia a dia.... amanecerá y...
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