La OCS y el nuevo tablero mundial.
Recientemente la atención global se ha posado sobre Asia, ya que entre el 31 de agosto y el 1 de septiembre tuvo lugar en la ciudad portuaria de Tianjin, en el norte de China la cumbre 25 de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), para luego terminar con el Desfile conmemorativo fin de la guerra mundial en el pacífico. Dicho encuentro reunió a los diez Estados miembros, además de invitados, socios y observadores, buscando sopesar a occidente, fortalecer sobre todo al sur global, en función principalmente de China.
La cumbre conto con la asistencia
de China, Rusia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán, además de
India y Pakistán, Irán y Bielorrusia, además de la presencia de Corea del Norte
con Kim, Jong-un, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, el primer ministro
egipcio, Mostafa Madbouly, el primer ministro de Birmania, Min Aung Hlaing, el
presidente de Indonesia, Prabowo Subianto, el primer ministro eslovaco, Robert
Fico, y el presidente serbio, Aleksandar Vučić. Representando así, casi la
mitad de la población mundial y el 23,5% del PIB del planeta.
Los temas centrales de la cumbre
de dos días fueron la guerra en Ucrania, que brindó una vez más a Putin una
plataforma para defender la posición de Rusia; la lucha contra el terrorismo,
el extremismo y el separatismo; la búsqueda de una mayor cooperación y unidad
con Occidente; se criticó, además, la guerra en Gaza y el lugar de EE. UU. e
Israel en esta.
Los lideres fueron enfáticos en
la búsqueda de la unidad, combatir el terrorismo y promover la cooperación
económica empoderando al sur regional, en contrapeso a occidente, la OTAN,
Europa y Estados Unidos. La OCS pretende ser una alternativa al orden liberal
internacional tradicional, con una proyección de carácter más global, para
reorganizar el panorama geopolítico, en la que todo tipo de naciones, en Oriente,
África y Asia, sobre todo, pero también en América puedan figurar.
Tras el gran encuentro, tuvo
lugar el 3 de septiembre el desfile conmemorativo por el fin de la guerra
mundial en el pacífico, en el que Xi Jinping pasó revista a las tropas del
Ejército Popular de Liberación (EPL), se mostraron formaciones a pie, columnas
de armamento, un sobrevuelo de aeronaves, e incluso conto con la participación
de veteranos de la guerra contra Japón y unidades modernas. Una gran muestra
internacional militar de china, que forma parte del instrumental de las
autocracias para mostrar fuerza, sea esta real o supuesta, rodeada de lideres
un tanto distantes a occidente; un claro gesto de empoderamiento y fuerza
regional, que denota alianza y cooperación en detrimento de Europa y Estados
Unidos.
En este marco destacó la reunión
entre Putin y Kim Jong-un, quienes desde 2024 han estrechado sus lazos de
cooperación. Corea del Norte se ha convertido en el principal suministrador de
armamento al ejército ruso, entregando misiles, proyectiles y munición. Esto
ocurre, además, tras el fracaso de la cumbre en Alaska entre Putin y Trump
sobre la guerra en Ucrania.
Posterior a los sucesos, hubo
todo tipo de reacciones, Europa más austera se limitó a seguir los acontecimientos,
mientras Trump se refirió en su red social Truth al hecho, acusando a Xi, Kim y
Putin de conspirar contra EE. UU. Y afirmando que Estados Unidos también participo
en la II Guerra Mundial y que debe ser igualmente homenajeado.
El gran encuentro evidencia una imagen
de alineamiento de Rusia, China, Corea del Norte y las naciones aliadas
presentes, mandando el mensaje de que Washington y Europa ya no cuentan con el
monopolio de la arquitectura global y que nuevas fuerzas están tomando impulso
para reorganizar el orden global.
De igual forma, refuerza el
liderazgo chino, traduce su intención de ser el eje de poder intencional, como
lo ha establecido Xi Jing Ping desde su llegada al poder. El este asiático pretende
superar a EE. UU. como mayor economía mundial en cinco o, a más tardar, en
quince años; para esto ha embestido una serie de estrategias que buscan poner a
China en todos los ejes y mercados globales, en organismos como las BRICS, la
OCS, a través de su proyecto de infraestructura global "Iniciativa de la
Franja y la nueva Ruta de la seda", prestamos e inversiones económicas con
el corredor económico CPEC en Pakistán, los trenes de alta velocidad SGR en
Kenia y más recientemente con el mega puerto de Chancay en la costa del
Pacífico en Perú, por mencionar algunas.
Esta interconexión entre economía
y política que utiliza China, esta en busca de crear un orden paralelo del Sur
Global. Este enfoque de Xi Jing Ping influye, moldea a largo plazo de manera
continua la visión el gigante asiático del mundo. No se basa en premisas
liberales o empoderamiento colectivo, sino que parte y ratifica ideas del
estatismo chino, apelando siempre a sus intereses nacionales, enmascarado en
apoyos varios.
Pese a lo anterior, para los demás
asistentes supone una plataforma de visibilización. Rusia ratifica su posición frente
a Ucrania, se muestra fuerte y respaldado, cercano a lideres distantes a occidente,
casi haciendo una mofa Estados Unidos; algo similar ocurre con Corea del Norte,
quien a la sombra de años de bloqueos económicos internacionales aun cuenta con
aliados y un bloque fuerte; por su parte, muchas naciones con gobiernos
autoritarios y señaladas por occidente encuentran un lugar en este bloque,
denotando cooperación, fortaleza y unidad lejos del orden unipolar tradicional.
Ahora, para América Latina, el fortalecimiento
de la OCS representa un panorama dual, sobre todo en el contexto de la
creciente tendencia de la administración de Trump de cortar la inversión extranjera.
Puede traducirse en mayores flujos de inversión, comercio e infraestructura de
la mano de China, mientras significaría una creciente dependencia de las
exportaciones de materias primas y una exposición mayor a la rivalidad estadunidense.
Generando beneficios al gestar diversificación y captar recursos
internacionales nuevos, aunque con el riesgo de caer en la instrumentalización en
una competencia geopolítica que no controlan, dejando a la región en medio de
una encrucijada entre préstamos de Pekín y exigencias de Washington.
La cumbre de la OCS y el desfile
militar chino son entonces una clara evidencia de los movimientos geopolíticos mundiales.
En cabeza Xi Jinping y su efectivo proyecto de la nueva ruta de la seda se está
construyendo un nuevo orden mundial, donde la tradicionalidad unipolar vira a
la multipolaridad. De igual forma y pese a la neta motivación en los intereses
internos chinos, esta ola de cambios da lugar a que naciones un tanto en las
sombras, por razones políticas, económicas, geográficas o históricas cuenten
con una oportunidad de visibilizarse en el panorama internacional.
Este proceso de cambios está en
proceso y sus efectos reales aun son inciertos, lo cierto es que China copando
el orden mundial, gracias su gran y efectiva campaña de presencia internacional,
mientras occidente pierde terreno, aprovechando el espacio que ha dejado
Estados Unidos y la administración Trump.
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