Post Cumbre ONU.

La más reciente cumbre de la ONU en Nueva York fue llamativa: el enfoque casi total en el conflicto en Gaza y las múltiples perspectivas en torno a este dejaron ver con claridad el escenario geopolítico actual, repercutiendo en la realidad global a pocos días de su inicio.

Fue clara y tajante la posición mundial para presionar a Israel a detener lo que la ONU denomina genocidio en Gaza, con el anuncio de reconocer al Estado Palestino. Países como Francia y Reino Unido, que tradicionalmente apoyaban a Israel y Estados Unidos, y que además son miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, se sumaron a la conformación de un nuevo gobierno en Oriente Medio.

Aunque existen dificultades técnicas para su implementación real y duradera —conflictos internos, ausencia de un liderazgo fuerte, falta de herramientas para una transición democrática y de recuperación tras la guerra—, y pese a que parece más una estrategia de presión hacia Israel (quien ya mostró su descontento), este fue un hito sin precedentes: tantas naciones dialogando en torno al establecimiento de un Estado Palestino. Significa que Gaza sería visto como un actor reconocido, con más herramientas internacionales y reequilibrando la balanza de poderes.

También fue evidente la postura de los países árabes y musulmanes, que buscan estabilidad en Medio Oriente. Arabia Saudita, Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Omán manifestaron que la región está al “borde del colapso”, llamaron al cese al fuego y a atender con urgencia la crisis humanitaria. Han sido actores activos en la búsqueda de un proceso de paz y se espera que lo sigan siendo en futuros acuerdos.

En cuanto a posturas más duras, resaltaron discursos directos contra Israel. El presidente de Indonesia, Prabowo Subianto, ofreció desplegar al menos 20.000 tropas como misión de paz en Gaza, si la ONU lo autoriza. Recep Tayyip Erdogan, líder de Turquía, acusó a Israel de cometer crímenes contra la humanidad y pidió un embargo internacional de armas. Lula da Silva, presidente de Brasil, denunció un genocidio en Gaza y exigió sanciones contra quienes bloqueen un alto al fuego. Por su parte, el presidente sudafricano Cyril Ramaphosa comparó la situación palestina con el apartheid, pidiendo el aislamiento internacional de Israel. En esa misma línea se expresaron la mayoría de las naciones.

La Autoridad Palestina, encabezada por Mahmoud Abbas, intervino mediante videollamada, dado que Estados Unidos le negó la visa de entrada. Agradeció el apoyo global recibido, denunció un “genocidio en curso” en su territorio y la ocupación israelí, recordando que unos 220.000 palestinos han muerto o resultado heridos —en su mayoría mujeres, niños y ancianos—. Abbas afirmó que no abandonará sus tierras, exigió un alto al fuego inmediato y el reconocimiento pleno de Palestina. También denunció la expansión de asentamientos en Cisjordania y la violencia de colonos contra civiles palestinos. A su vez, condenó “lo que Hamás llevó a cabo el 7 de octubre”, señalando que esos hechos “no representan al pueblo palestino ni su justa lucha por la libertad e independencia”.

El mandatario palestino presentó además un plan de nueve puntos: un alto al fuego permanente en Gaza; ingreso inmediato de ayuda humanitaria; liberación de rehenes y prisioneros; retirada de las fuerzas israelíes; traspaso de armas de las facciones a la Autoridad Palestina; derecho de los gazatíes a permanecer en su tierra; liberación de ingresos fiscales retenidos por Israel; impulso a reformas internas con elecciones en un año tras el fin del conflicto; y cooperación con Estados Unidos.

Por su parte, Benjamin Netanyahu dio un discurso que no pasó desapercibido. Apenas llegó al estrado, varias delegaciones se retiraron de la sala entre abucheos. Su intervención giró en torno a la frase “We must finish the job”, refiriéndose a que Israel “debe terminar el trabajo” contra Hamás. Calificó como “vergonzoso” el reconocimiento de Palestina por parte de varios países occidentales, asegurando que este alienta el terrorismo. Además, advirtió que “no se hará un Estado palestino al oeste del Jordán” y acusó a varios gobiernos de ceder a “presiones mediáticas” y “multitudes islámicas radicales”.

Fue enfático en rechazar las acusaciones de genocidio y en negar que Israel use tácticas deliberadas contra civiles. Según él, Israel advierte a la población para que se aleje de zonas de combate y “los daños no son intencionales”. Al final, mostró su apoyo condicionado a los planes de paz impulsados por Estados Unidos.

El país anfitrión también se expresó. Donald Trump, con un discurso incendiario, exaltó el rol de Estados Unidos a nivel internacional y arremetió contra la ONU. Respecto a Gaza, ratificó el apoyo a Israel y afirmó que reconocer al Estado Palestino es “premiar al terrorismo”, responsabilizando a Hamás de la continuidad del conflicto por no aceptar los términos de paz.

Lo evidente es cómo ha virado el escenario internacional. Las naciones del mundo, casi unánimemente y pese a dificultades de implementación y mantenimiento a largo plazo, consolidaron un discurso —en gran medida simbólico— de apoyo al establecimiento de un Estado Palestino. Todos llaman a un acuerdo de paz y denuncian la masacre en Gaza, aunque con matices. Esto ha generado más presión sobre Israel, que quedó prácticamente sin apoyo exterior, salvo el de Estados Unidos.

La posición de los países árabes también resalta: se han mostrado cohesionados en su rechazo a Netanyahu y su búsqueda de un acuerdo de paz. La retórica agresiva del líder israelí no solo afecta a los palestinos, sino también a la estabilidad regional, impactando a gobiernos vecinos y actores clave como Irán, Siria y Líbano.

Fue notorio el aislamiento de Israel en la cumbre: el rechazo al discurso de Netanyahu, el reconocimiento de Palestina como Estado y el espacio para que Abbas hablara pese a no obtener visa. Netanyahu intenta contrarrestar este aislamiento reforzando su narrativa de seguridad y amenaza existencial, presentando el reconocimiento palestino como un peligro. Con ello busca legitimar sus acciones en nombre de la supervivencia del Estado.

Israel sigue contando con el respaldo de Estados Unidos, su único gran aliado, aunque incluso Washington enfrenta presión internacional. Aceptar el plan de Trump le da a Israel margen de maniobra diplomática, pero sin ceder control militar ni territorial. Se trata de negociar “desde una posición de fuerza” y de mantener abierto el flujo de apoyo exterior.

Tras las intensas intervenciones, el 29 de septiembre Trump y Netanyahu anunciaron un acuerdo de paz de 20 puntos. Entre los puntos clave destacan: la liberación en menos de 72 horas de los rehenes en poder de Hamás; el desarme del grupo militante; la eliminación de túneles en Gaza; el cese de la operación militar israelí; la liberación de cientos de palestinos detenidos; y la entrada inmediata de ayuda humanitaria.

Este plan se inspira en propuestas previas, como el plan saudí-francés de julio y el trabajo del ex primer ministro británico Tony Blair, quien integraría la “Junta de Paz” presidida por Trump para supervisar temporalmente el funcionamiento de Gaza. Sin embargo, el acuerdo de 20 puntos no detalla cuestiones clave como las condiciones de la retirada israelí, la identidad de los prisioneros palestinos a liberar o las bases de la gobernanza posguerra. Estas lagunas podrían descarrilar cualquier avance.

Más que un plan integral, parece un resultado de la presión internacional sobre Estados Unidos e Israel para frenar la guerra y del aislamiento que ambos enfrentan. Washington busca así no perder poderío global ni quedar como cómplice de un genocidio.

En conclusión, aún queda por ver cómo resultará este acuerdo y si llegará a materializarse. Por ahora, lo claro es que la balanza geopolítica internacional se ha reacomodado: Israel y Estados Unidos han quedado más aislados, mientras el resto del mundo eleva su apoyo simbólico y político a Palestina. El reconocimiento, aunque con limitaciones prácticas, representa una presión histórica sobre Israel y un giro contundente en la narrativa internacional sobre Gaza.

Comentarios

  1. Varios países reclaman a Israel la Guerra en Gaza, y critican a EEUU, pero el holocausto del 7 de octubre de 2023, donde murieron inocentes niños, mujeres violadas, masacrando hombres no tiene justificación ni validez alguna,Gaza,no es Hamas, pero HAMAS son terroristas y asesinos. Ningún acto violento de ningún actor es justificable.

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