Reconfiguración nuclear del orden mundial.
Los acontecimientos en Oriente Medio siguen marcando el rumbo del escenario geopolítico internacional. Luego de que Irán anunciara la suspensión del acuerdo con la OIEA (Organismo Internacional de Energía Atómica), en respuesta a la decisión de la ONU de reactivar las sanciones internacionales conocidas como “snapback”, la región volvió a sacudirse.
Francia, Reino Unido,
Alemania, Estados Unidos, Rusia y China firmaron en 2015 un acuerdo con Teherán
que preveía la supervisión de sus actividades nucleares a cambio del
levantamiento progresivo y condicionado de las sanciones. Sin embargo, el
llamado E3 (Francia, Reino Unido y Alemania) determinó el pasado 28 de
septiembre que Teherán no cumplía el acuerdo, y que las sanciones adoptadas
entre 2006 y 2010 contra Irán debían reimponerse.
Estas resoluciones
prohíben el enriquecimiento de uranio y las actividades balísticas, además de
establecer un embargo de armas, la cancelación de cualquier intento de
transferencias de materiales o tecnología que puedan ser utilizados en el
procesamiento nuclear, la autorización de inspecciones a aviones y buques
iraníes en aguas internacionales, la prohibición de viajar a cualquier Estado
miembro de la Unión Europea a ciudadanos iraníes, y la congelación de los
activos de particulares o personerías jurídicas de capital iraní radicadas en
el exterior. También se suspendieron todas las actividades vinculadas a la
adquisición de hidrocarburos, incluyendo la compra y transporte de petróleo,
gas natural, productos petroquímicos y petrolíferos, así como la venta de
diversos bienes, desde oro, metales preciosos y diamantes hasta equipos navales
y programas informáticos.
La entrada en vigor de
estas medidas ya provocó una fuerte caída de la moneda local, según diversos
informes. Se espera que la economía interna se vea severamente golpeada; los
ciudadanos han manifestado su preocupación por los efectos negativos de las decisiones
internacionales.
En respuesta, el gobierno
iraní rompió oficialmente el Acuerdo de El Cairo, alcanzado hace apenas
tres meses con la OIEA, luego de la llamada “guerra de los 12 días” con Israel,
en la que intervino Estados Unidos. Dicho acuerdo había permitido un monitoreo
reforzado a cambio de apoyo diplomático para levantar ciertas sanciones.
Teherán percibe el snapback como una violación directa del JCPOA (el
acuerdo nuclear de 2015) y como una herramienta política de presión, más que de
seguridad.
Las autoridades iraníes
ya habían advertido que esta sería su respuesta ante la reactivación de las
sanciones. Tras la decisión de la ONU, el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas
Araqchi, declaró que el acuerdo de cooperación nuclear firmado el pasado 9 de
septiembre en El Cairo quedaba suspendido, calificando la medida como una
violación directa de los compromisos alcanzados. Además, acusó a la
organización de no condenar los ataques perpetrados contra sus instalaciones
nucleares en junio por parte de Israel y EE. UU., a pesar de que Irán es
signatario del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP).
Araqchi adelantó que Irán
presentará una nueva propuesta en los próximos días. Se mostró cauteloso, pero
optimista respecto al futuro de las negociaciones, afirmando que “Teherán está
totalmente dispuesto a considerar una solución que garantice los intereses
mutuos y genere confianza sobre la naturaleza pacífica de su programa nuclear”.
El Acuerdo de El Cairo
entre Irán y la OIEA se alcanzó bajo fuerte presión internacional y tras varias
rondas de negociaciones. Fue considerado insuficiente por las potencias
europeas, ya que el texto no permitía la inspección directa de las plantas
nucleares iraníes por parte de la agencia, lo que generó dudas sobre la
transparencia del proceso. Estas dudas escalaron hasta que el E3 ofreció al
Estado persa aplazar la restauración de las medidas punitivas si reanudaba la
cooperación con la OIEA, informaba sobre el destino de 440 kilos de uranio
enriquecido al 60 % y regresaba a la mesa de negociación con Estados Unidos,
algo que finalmente no ocurrió.
Paralelamente, tanto
Rusia como China, miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, apoyaron
a Irán y catalogaron las sanciones de “ilegales”, además de calificarlas como
una manipulación occidental. Ambos gobiernos ya anunciaron que no aplicarán las
medidas impuestas.
Estas dos naciones son socios económicos clave de Teherán: Pekín compra grandes
cantidades de petróleo iraní, mientras Moscú firmó en 2025 el Tratado de
Asociación Estratégica Integral entre Irán y Rusia, que busca profundizar
la cooperación en áreas como comercio, energía, tecnología, defensa,
inteligencia y cultura. Estas alianzas se inscriben en el marco de los BRICS+,
un pilar central en la consolidación del eje euroasiático y de la
reestructuración del orden multipolar, que parece priorizar sus propias reglas
por encima de las sanciones de la ONU.
Ahora, es evidente cómo
Irán se reacomoda estratégicamente: mantiene una fachada de cumplimiento
técnico para no romper el TNP, se mantiene abierto al diálogo diplomático, especialmente
tras la guerra de los 12 días, mientras gana espacio para fortalecer su
capacidad nuclear. A la vez, se aleja de Occidente y refuerza su cercanía con
Rusia y China, evidenciando el fortalecimiento gradual de asociaciones como los
BRICS, que ganan peso en el tablero global en detrimento del poder occidental.
La ruptura de Irán con la
OIEA no es solo un acto de resistencia diplomática, sino el reflejo de un mundo
en transición: uno donde el multilateralismo se fragmenta, el control nuclear
se convierte y posiciona aún más como un instrumento de poder, las sanciones
pierden eficacia como herramienta de contención, y los BRICS consolidan su
unidad en espacios transaccionales, que a la larga seguirá fortaleciéndose.
Este nuevo episodio
reconfigura el tablero entre Occidente y Eurasia, acelerando la consolidación
de un eje Moscú–Pekín–Teherán con los BRICS como soporte, frente a la hegemonía
sancionadora de Washington y Europa, que, pese a su peso histórico y su control
en el Consejo de Seguridad de la ONU, parecen quedarse cortos ante el nuevo
escenario y reconfiguración del orden mundial multipolar.
El panorama aún está
gestándose. Se espera que Irán mantenga su “guiño” diplomático a Occidente
mientras se fortalece nuclearmente junto a sus aliados de los BRICS,
convirtiéndose en un actor clave dentro de una geopolítica internacional en
permanente movimiento.
Excelente artículo, la presión internacional de EEUU, sobre Irán muestra sus frutos, hay que ver qué ocurre con el tiempo, Dios de paz a la humanidad.
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