El petróleo y los Aranceles.
La geopolítica global vuelve a virar hacia América, luego de que el presidente Donald Trump firmara, el jueves 29 de enero, una orden ejecutiva que amenaza con imponer aranceles a los países que vendan o de otro modo proporcionen petróleo a Cuba, una medida que argumenta como necesaria para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos. Cuba también es señalada en la orden ejecutiva de "desestabilizar la región mediante la inmigración y la violencia", al tiempo que "propaga sus ideas, programas y prácticas comunistas".
Aunque
el texto no menciona qué países ni a qué porcentaje ascenderían esos aranceles,
y puede ser modificado por el presidente si Cuba o los países afectados dan
pasos para alinearse con los objetivos de EE. UU., Trump advirtió, tras la
exitosa operación militar que derrocó al presidente venezolano Nicolás Maduro, que
La Habana debía negociar "antes de que sea demasiado tarde". Esta
decisión ya generó una ola de reacciones y movimientos internacionales y se
perfila como una estrategia de Washington para asfixiar al gobierno cubano.
La
nueva amenaza del dirigente republicano llega cuando la isla atraviesa ya una
situación energética crítica. Desde hace tres años, Cuba vive una escasez de
combustible que tiene un impacto directo en su producción eléctrica. En La
Habana confluyen varias crisis simultáneas: la energética, la sanitaria (con
epidemias de dengue y otras enfermedades tropicales), la de transporte y la de
abastecimiento. En medio de todo, hay una crisis de combustible doméstico, el
llamado gas de balita: la gente no tiene con qué cocinar. Ni con gas, ni con
electricidad, ni tampoco con carbón en la mayoría de los casos en las ciudades.
Los
cubanos ya llevan meses enfrentando las consecuencias de la falta de
combustible: cortes de electricidad que se extienden durante horas, filas
extensas para comprar gasolina, transporte y comida a precios impagables y
montones de basura en las calles que no están siendo recogidos.
No
obstante, Cuba ha recibido barriles de petróleo de Venezuela y México. Con los
embargos a navíos petroleros en el Caribe y la posterior caída de la
administración Maduro, la isla no ha recibido en meses crudo proveniente de la
nación bolivariana, quedando solo México como suministrador de este
hidrocarburo vital.
México
ha estado comprando, refinando y redistribuyendo combustibles; manteniendo
intercambios energéticos con La Habana; y usando su soberanía energética
(Pemex) como herramienta política regional. Dejar de recibir petróleo desde
México le quitaría a Cuba uno de los pocos suministros que, en la práctica,
estaba sosteniendo el día a día cuando el flujo venezolano se frenó. También
vale la pena resaltar que en México hay más de mil médicos cubanos, por los que
el Gobierno mexicano debe pagar a Cuba.
México
venía enviando crudo y combustibles desde 2023 y, solo entre enero y septiembre
de 2025, esos envíos se cuantificaron en torno a 17.200 barriles diarios de
crudo y 2.000 de productos refinados, por un total de 400 millones de dólares,
según datos oficiales de Pemex.
Es
así que la orden ejecutiva cae directamente sobre México, lo que ha
desestabilizado al gobierno de Claudia Sheinbaum. Esta argumenta su relación
con Cuba en términos de apoyo humanitario. Tras las declaraciones de
Washington, la presidenta se pronunció sin negar ni confirmar detalles,
asegurando que la ayuda humanitaria a Cuba no se detendría en medio de la
presión ejercida desde Washington y las críticas de varios congresistas
estadounidenses para frenar los envíos de petróleo mexicano a la isla, declarando
que "son decisiones soberanas".
Sin
embargo, esta semana anunció la cancelación de los contratos de la estatal
Pemex con Cuba y, sin explicación, frenó el despacho de un embarque de crudo
que ya estaba programado. No obstante, dejó abierta una rendija para una futura
colaboración con Cuba por las mismas razones humanitarias, enfatizando que se
trata de una decisión excepcional, pero soberana.
Estados
Unidos logró poner en una encrucijada a México: entre ayudar a otra nación, porque
si detiene el envío de crudo, Cuba tendrá enormes dificultades para suplir sus
necesidades energéticas, o continuar enviándolo y enfrentar los aranceles de
Trump.
Por
su parte, el líder cubano Miguel Díaz-Canel reaccionó acusando a Trump de
querer asfixiar la economía cubana y calificando su gobierno de "fascista,
criminal y genocida". En un comunicado posterior, la isla aseguró que
Estados Unidos "se confunde" al confiar en que con la presión
económica logrará que Cuba caiga, y afirmó que enfrentará con firmeza la
decisión de Washington.
La
Habana aseguró, sin embargo, que está dispuesta a mantener un diálogo
"serio, responsable y basado en el derecho internacional, en la igualdad
soberana y en el respeto mutuo", pero sin injerencia en sus asuntos
internos.
Las
necesidades diarias de petróleo en Cuba rondan los 125.000 barriles al día. En
2025, la isla importaba unos 45.700 barriles diarios, muy por debajo de lo
necesario, de los cuales 27.400 procedían de Venezuela. Con el freno venezolano
y este cierre con México, los cubanos quedan debilitados y con grandes
dificultades para buscar otros proveedores, en un contexto donde Rusia enfrenta
su propia crisis energética y guerra en Ucrania, e Irán afronta problemas
internos.
En
la industria petrolera se sabe, además, que Cuba ha revendido parte del
petróleo que recibe en el mercado negro internacional, una práctica recurrente
con el crudo venezolano. Que pare el ingreso de petróleo a Cuba es, por tanto,
un problema estructural.
Es
así como EE. UU. está presionando a México por su rol como puente energético y
logístico indirecto con Cuba en el Golfo de México y el Caribe, fuera del
control de Washington y muy cerca de sus costas. Además, el gobierno mexicano
estaría rompiendo el régimen de sanciones sobre la isla. Al suavizar ese
aislamiento, desarma la arquitectura y narrativa estadounidense contra lo que
representa Cuba y sus aliados. Algo que a Trump claramente no le agrada.
Asimismo,
el México de Sheinbaum, al sostener que “mi petróleo es mío y mi política
energética es soberana”, aunque con matices y evasiones, sienta un precedente
peligrosísimo en la región. Porque si México puede hacerlo, cualquier otra
nación podría hacerlo, implicando una pérdida de poder e influencia para
Washington en América Latina.
Esto
amenaza el modelo histórico donde EE. UU. controla el mercado energético
regional a través del comercio, las sanciones y la diplomacia. Entonces, los
aranceles no son por comercio: son un castigo político disfrazado de política
comercial.
Lo
que realmente está haciendo EE. UU. no es castigar a México. Está enviando un
mensaje a toda América Latina: la política energética regional sigue pasando
por Washington. Es la Doctrina Monroe en versión energética 2026.
Ahora,
tras el anuncio, México ha buscado dialogar con la administración Trump y
mediar la situación. Líderes diplomáticos se han comunicado y aún no se sabe
qué puede pasar.
Lo
cierto es que desde Washington no reducirá la presión. Por un lado, por la
presencia de Marco Rubio, hijo de refugiados cubanos y figura fuerte en el
entorno de Trump, y, por otro, porque este es año electoral en Estados Unidos y
Florida no es cualquier estado. La comunidad cubana exiliada ha sido clave en
los triunfos de Trump y tendrá un papel muy relevante en estas elecciones. El
tema de Cuba es, así, un elemento de política interna y externa para EE. UU.
Es
evidente cómo este escenario muestra a los aranceles como arma geopolítica:
Cuba vuelve a ser ficha clave del tablero caribeño, México deja de ser socio
dócil y se vuelve actor estratégico, y EE. UU. reactiva su “Hard Power” en
América Latina, con Rusia y China presentes en el trasfondo. El Caribe vuelve a
convertirse en una zona geopolíticamente caliente.
El
escenario más peligroso de esta situación es un corte prolongado de
electricidad en Cuba, porque ahí la crisis deja de ser solo eléctrica y se
convierte en una crisis general de abastecimiento y de gobernabilidad
cotidiana. Justamente a eso se refería Trump cuando dijo que "Cuba está a
punto de caer". Pero ese escenario pone en peligro la vida de los cubanos:
el acceso a servicios, la alimentación y el funcionamiento de hospitales.
Como
se ha dicho, este suceso aún está en desarrollo. Pero está claro que la crisis
arancelaria entre EE. UU. y México por Cuba no es comercial: es la reactivación
silenciosa de la Doctrina Monroe en clave energética. Trump reafirma su poderío
y presencia en la región, en detrimento de China y Rusia, mientras pone en
riesgo vidas humanas. Falta ver qué sucederá.
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