Somalilandia, ¿Existe?
El viernes 26 de diciembre, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, anunció el reconocimiento de Somalilandia como Estado soberano. El territorio, ubicado en el Cuerno de África, ha buscado durante décadas el reconocimiento internacional tras separarse de Somalia. La decisión israelí desató una ola inmediata de reacciones, mayoritariamente críticas, y reabrió un debate profundo sobre legitimidad, soberanía, derecho internacional, intereses geopolíticos y herencias coloniales que siguen marcando el orden global.
El
gobierno israelí justificó su decisión en el marco del llamado “espíritu de
los Acuerdos de Abraham”, firmados en 2020 durante la primera presidencia
de Donald Trump, los cuales promovieron la normalización de relaciones entre
Israel y varios países árabes, como Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Sudán y
Marruecos, con el objetivo de fortalecer la cooperación política, económica y
de seguridad en Medio Oriente y África. No obstante, Somalia, y por extensión Somalilandia,
no forma parte de dicho acuerdo, lo que vuelve el reconocimiento aún más
controvertido.
Somalilandia
se sitúa en el norte de Somalia, en la región del Cuerno de África, y cuenta
con aproximadamente 3,5 millones de habitantes. Su capital es Hargeisa y posee
instituciones propias: gobierno, Constitución, moneda, fuerzas armadas y un
sistema electoral funcional. Fue un protectorado británico hasta 1960, año en
que se unió voluntariamente a Somalia tras la independencia. Sin embargo, las
tensiones políticas, la marginación institucional y el posterior colapso del
Estado somalí llevaron a que, en 1991, Somalilandia proclamara su independencia
de manera unilateral.
Desde
entonces, ha operado de facto como un Estado, aunque sin reconocimiento
internacional. Sus autoridades sostienen que no se trata de un proyecto
secesionista reciente, sino de la recuperación de una soberanía previa a la
unión con Somalia. A pesar de ello, la comunidad internacional ha evitado
reconocerla formalmente, en gran parte por el temor a sentar un precedente que
fracture aún más a los Estados africanos.
Paradójicamente,
Somalilandia ha sido señalada como una de las regiones más estables y
democráticas del Cuerno de África, en contraste con la prolongada crisis
somalí. No obstante, su aislamiento diplomático ha limitado su acceso a
financiamiento, cooperación internacional y reconocimiento político. En los
últimos años, ha establecido vínculos informales con algunos actores, como
Taiwán, otro territorio con reconocimiento limitado, lo que ha generado
tensiones adicionales con potencias regionales.
El
anuncio del reconocimiento israelí reabre múltiples debates. En África, existe
un consenso histórico en contra de modificar las fronteras heredadas del
periodo colonial, precisamente para evitar nuevos conflictos separatistas.
Reconocer a Somalilandia rompe con ese principio y podría alentar reclamos
similares en otras regiones del continente, una posibilidad que inquieta a
muchos gobiernos africanos.
La
reacción internacional fue inmediata. Somalia condenó la decisión,
calificándola como una violación directa a su soberanía. Egipto, Turquía,
Yibuti y otros actores regionales expresaron su rechazo. La Unión Africana
reiteró su compromiso con la integridad territorial somalí, mientras que la
Liga Árabe calificó el anuncio como “provocador” e incompatible con el respeto
al orden regional. China, por su parte, reafirmó su respaldo a la unidad de
Somalia.
Desde
Palestina, la Autoridad Nacional Palestina también rechazó el reconocimiento,
señalando que Israel recurre a una política de doble rasero: defiende el
derecho a la autodeterminación cuando le conviene, pero lo niega
sistemáticamente al pueblo palestino. En este sentido, el gesto hacia
Somalilandia fue interpretado como una maniobra geopolítica más que como un
acto de coherencia con los principios del derecho internacional.
Para
el presidente de Somalilandia, Abdirahman Mohamed Abdullahi, la decisión
representa un “momento histórico” que podría abrir la puerta a futuros
reconocimientos. Sin embargo, más allá del simbolismo, el impacto práctico del
gesto israelí es limitado. No modifica sustancialmente el estatus internacional
del territorio ni altera de inmediato el equilibrio regional.
Aun
así, el movimiento es profundamente revelador. Refleja la intención de Israel
de ampliar su influencia en zonas estratégicas como el mar Rojo y el Cuerno de
África, regiones clave para el comercio global y la seguridad marítima. También
evidencia su búsqueda de nuevos aliados en un contexto de creciente aislamiento
diplomático, especialmente tras el impacto internacional de la guerra en Gaza.
El
reconocimiento de Somalilandia expone, una vez más, la selectividad del orden
internacional. Los principios de autodeterminación, soberanía y derechos
humanos no se aplican de forma universal, sino según intereses estratégicos.
Las naciones son reconocidas o ignoradas no por criterios jurídicos coherentes,
sino por su utilidad geopolítica.
En
ese sentido, el caso de Somalilandia no solo reabre viejas heridas coloniales,
sino que desnuda las contradicciones del sistema internacional contemporáneo.
Un sistema donde el derecho se subordina al poder, y donde la geopolítica sigue
dictando quién merece existir y quién debe seguir esperando reconocimiento.
No conocía sobre Somalilandia. Creo que la soberanía de los países debe respetarse; sin embargo, cuando el Estado falla y son las propias personas quienes se organizan para construir un sistema democrático funcional, también parece justo que se reconozca su derecho a la autodeterminación. Resulta profundamente contradictorio que un territorio no reconocido internacionalmente sea, al mismo tiempo, uno de los más estables de su región.
ResponderBorrarSin embargo, los reconocimientos selectivos por parte de distintos actores internacionales como lo es Israel muestran que estas decisiones no siempre responden solo a principios, sino también a intereses geopolíticos, lo que vuelve el debate aún más enredado y lleno de matices.